Es cierto que a veces olvidamos el verdadero significado de la Navidad y nos centramos más en los regalos, la Cabalgata, la comida o quedar con la familia. Pero es verdad que es tradición hacer regalos a la gente para verlos sonreír y saber que están felices. Quedar con nuestros familiares y pasar un buen rato juntos. Pero estas dos cosas hay que mantenerlas equilibradas, para que Jesús también tenga un hueco junto a nosotros.
No es cuestión de hacer grandes regalos o de comer cosas caras que a veces cuestan demasiado dinero y no puedes pagarlas. Lo que realmente importa es hacer feliz a los demás.